Nada hacía pensar que aquel niño que viajó con su padre por Sudáfrica durante el Mundial de 1995 iba a convertirse en una figura de leyenda. Bryan Habana era un futbolero en aquel mes que cambió la historia de una nación por la que todavía supuraban las heridas del Apartheid. Pero aquella experiencia cambió sus planes. Como muchos de su generación, el ala recogió el guante de aquella selección liderada por François Pienaar o Joost Van der Westhuizen y repitió título en 2007. Habana no solo representa el nexo entre los dos mundiales, sino un prodigio de longevidad para una de las grandes figuras de este siglo. El máximo anotador de ensayos en los mundiales ha anunciado este martes que se retirará a final de temporada tras 16 años como profesional.
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