Uno no puede pretender ser Ayrton Senna y al mismo tiempo salir de fiesta con Justin Bieber. Eso es lo que le ocurre a Lewis Hamilton, obsesionado como está el británico en trascender las fronteras de la Fórmula 1, primero, y del deporte, después. Solo a él se le podía ocurrir soltar que las máquinas que estas navidades reasfaltaron el circuito de Montmeló se llevaron consigo el alma del trazado. Es difícil que los pilotos del Mundial de MotoGP coincidan en algo con los del de F-1, y sin embargo ambos llevaban tiempo pidiendo que se cambiara el cemento de la pista, que además fue modificada en la zona de la curva 13, en la que hace dos años murió Luis Salom.
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