El 3 de octubre de 2015, Alberto Aláiz, de 39 años entonces, se quedó tetrapléjico después de sufrir un placaje en un partido de rugby de cuarta regional madrileña en Getafe entre el Atlético, su equipo, y el Alcorcón. Estando aún en coma en el hospital, un representante de la compañía de seguros con quien tenía el seguro obligatorio de deportistas informó a sus padres de que le correspondería una indemnización de 12.000 euros. Indignados por lo que, a todas luces, era una cantidad ridícula teniendo en cuenta la de gastos que le sobrevendrían solamente para llevar una vida mínimamente de supervivencia, los padres se negaron a firmar el finiquito que les ofrecía la aseguradora. “Esto es lo que hay”, les dijeron. “Son las cantidades que figuran en el Real Decreto que regula las prestaciones mínimas del Seguro Obligatorio Deportivo”.
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