Serena Williams es una figura que invita a pensar siempre desde el exceso. Con ella, considerada una de las mejores deportistas de la historia, el término medio o el defecto no existen. Manda la desproporción. Por eso, su regreso se contempla como un grandioso ejercicio de superación, solo apto para sus más fieles devotos. Ha sido madre a los 36 años, no jugaba desde hacía más de 400 días y en la recta final de su lustrosa carrera parte prácticamente de cero, pero porque ella así lo ha decidido. Sin embargo, Serena no ha dicho su última palabra. En su retorno contempla un único camino, el de la victoria, y en su mente se ha alojado una obsesión: el 25, la cifra a la que aspira para convertirse definitivamente en la tenista más laureada de todos los tiempos, por delante de la australiana Margaret Court.
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