La San Remo son 285 kilómetros de sopor asegurado y nueve de emoción que no siempre se produce. Es la lucha del espíritu libre y osado contra la masa. Del ciclista que se ríe de las tácticas y de los ejércitos de rodadores que avanzan devastando el terreno, los Cabos, la Cipressa, las señales de tráfico, protegiendo a sus sprinters para que lo reduzcan todo a un golpe de riñones en Vía Roma, una maldición. Un desasosiego, alimento de pesimistas que se burlan de quienes todos los años repiten, hay esperanza, hay esperanza.
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