Alavés y Betis viven colgados de la nubes que les han acunado, tras superar las primeras tormentas, y ahora disfrutan de ese algodón mullido que le ha colocado al Betis a vista de la frontera europea y al Alavés con la distancia suficiente como para quitarse las gafas de cerca y mirar el futuro con la pupila sin lágrimas. Dos equipos que se jugaban su estado de ánimo, su autoestima, y ver quién era más fiable, porque el estado de ánimo en ambos conjuntos es tan similar cono diferente su juego.
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