Maverick Viñales es uno de esos pilotos de MotoGP que solo piensa en moto. En la moto de cross para mejorar su capacidad de reacción en el circuito, en la bici para mejorar la forma física que le ayude a atacar cada gran premio, en bajar algunos kilos más (y eso es mucho) para no lastrar lo más mínimo a una Yamaha que nunca va sobrada en las rectas. Entrenar y vigilar la dieta. Y así, más enjuto que un año atrás, las pizzas y las hamburguesas totalmente prohibidas, llegó a los entrenamientos de pretemporada. Y el trabajo en solitario no cundió cuando se subió a la moto. No había manera de entenderse con su Yamaha. Tan mal fueron las pruebas previas que se presentó al primer examen, en Qatar, este pasado domingo, hundido. Cuentan quienes le rodeaban que llegaba cabizbajo al box, sin ganas y con el tiempo justo de subirse a la moto. No tenía nada que hacer. Hasta que el sábado el equipo decidió dar un giro a los reglajes de su moto.
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