No hay celebración en la que no se le hinchen las venas del cuello a Cristiano Ronaldo. Es tal la fuerza con la que grita los goles que parece que esas venas vayan a estallar. Son, quizás, la mejor forma para describir ya no solo su estado de ánimo sino su voracidad. Una voracidad, que según dijo Pablo Machín, técnico del Girona, le hace “todavía más incontrolable”.
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