Primero se dio un topetazo en la cadera tras un salto que se descontroló en el aire y que acabó de bruces en el suelo. Iniesta se quejaba del dolor, pero nada que le preocupara. Poco después, sin embargo, tras salir airoso de un duelo ante Vrsaljko, se puso la mano en la parte posterior del muslo y saltaron las alarmas. “Espera, espera un poco”, le respondió por dos veces al técnico Ernesto Valverde, preocupado por contar con uno menos en el campo, pero sobre todo por la posibilidad de perderle más tiempo en caso de que se rompiera del todo.
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