Como si de un giro del destino se tratara, la primera cadena de Televisión Española conectó en directo con la decimotercera etapa de la Vuelta Ciclista a España de 1996, con final en Los lagos de Covadonga. Hasta ese momento, la retransmisión se estaba realizando a través del segundo canal, un punto de encuentro para los amantes del ciclismo, pero alejado del gran público. Fueron unos pocos minutos, pero qué minutos. Miguel Indurain se bajaba de la bicicleta y abandonaba la carrera. Abandonaba el ciclismo. España asistía, en directo y a través del Telelediario, a las últimas pedaladas de uno de los mejores deportistas de la historia. "Se para Miguel", dijo uno de los periodistas que cubría la carrera. Indurain echó pie a tierra, esperó a que la carretera estuviera vacía y cruzó la calzada pedaleando prácticamente hasta la puerta del hotel Capitán.
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