Dice Julen Lopetegui, el seleccionador de España, que su equipo se organiza para tener el balón. Sus jugadores, sin embargo, introducen un matiz: se preparan para tener el balón, pero no siempre en campo contrario, y también se preparan para encerrarse y contragolpear. Llevan dos años arrugando, trabajando en entrenamientos —a puerta cerrada siempre— el repliegue. Ordenándose para tener la pelota, sí, pero muchas veces en campo propio. Maniobrando para invitar a los rivales a subir a apretar al que tiene el balón como quien persigue un señuelo, y saliendo en transiciones rápidas. Con pases de Alba, de Piqué, de Ramos, de Carvajal, o De Gea, incluso, que juegan para el punta de turno: Rodrigo Moreno hizo la labor de diana en Düsseldorf y a él fueron los pases.
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