La pomada europea había contenido las heridas del Athletic proporcionándole paz en medio del tormento. Pero las hemorragias no se suturan con ungüentos ocasionales, y al equipo de Ziganda le fallan todos los órganos de su cuerpo. Ante el Marsella convulsionó desde que pitó el árbitro, y aunque tuvo su breve canto del cisne, lo inevitable acabó por suceder. No logró evitar una merecida derrota que complica sobremanera sus posibilidades de eliminar al cuadro francés en San Mamés, un equipo imperfecto que escondió perfectamente sus vergüenzas y presumió de todo aquello que dispone. Y por los visto sobre el Vélodrome, parece suficiente para anular por completo al equipo rojiblanco, que sigue sin encontrar su reflejo ante el espejo.
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