El Barça empezó a perder a Andrés Iniesta el año pasado, no se sabe si por descuido o puede que de forma interesada, como quien no quiere la cosa, cuando le ninguneó o no le prestó la atención necesaria para revisar el contrato que expiraba el 30 de junio de 2018. Hubo un momento en que el capitán azulgrana sintió que estaba en el mercado y pensó que su vida futbolística no necesariamente acabaría en el Camp Nou. Intervino entonces y por vez primera el presidente Josep Maria Bartomeu y se alcanzó un acuerdo muy interesante, especialmente para el jugador manchego, que renovó de por vida con la condición de que podría decidir su futuro al final de cada temporada a partir de la 2017-2018. Iniesta, en cualquier caso, visualizó entonces, por primera vez desde que entró en La Masia cuando tenía 12 años, que un día podía salir del Barça.
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