Recibió el balón en el vértice del área grande y dudó entre centrar y chutar para finalmente no hacer ni lo uno ni lo otro, tan solo un pase mordido y sin peligro que acabó dócilmente en las manos de Oblak. Entonces el Camp Nou, que ya le había cogido ojeriza casi desde el primer día, desde que costó 35 millones más otros 20 en variables y 15 de propina si ganaba el Balón de Oro, la tomó con André Gomes y le dedicó una sonora pita que se repitió en varias ocasiones durante el encuentro. “¡Puta madre, hostia, joder!”, vociferó con rabia Ernesto Valverde desde el área técnica y en dirección a la grada, molesto por incomodar a uno de sus jugadores en un partido tan capital para la Liga como el duelo frente al Atlético. “También he oído aplausos”, expuso después en la rueda de prensa, inteligente como es para no pisar un charco reincidente en el Camp Nou. Por lo que agregó: “Al público hay que conquistarlo, ponerlo de su parte. Hay que afrontarlo y luchar para cambiar las cosas”. El medio, de 24 años, tiene la confianza de todos para ello; de todos, menos de la afición.
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