Una de las cosas que más me gusta de Leo Messi antes de que el mundo supiese que era Leo Messi, es que cuando estaba de prueba en el Barcelona, con 13 años, su padre quiso conseguir entradas para ver un Barça-Milan y no pudo. Me imagino a Messi tan aturdido como Dios peleándose con el portero de una iglesia por no poder entrar con sandalias: ni siquiera quería dar misa, sino escucharla. Al menos el Milan ganó 0-2; el diablo siempre está en los detalles.
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