Las últimas cuatro semanas no han sido fáciles para Roberto Bautista. En su cabeza, todavía, resonaba con fuerza el golpe que se llevó en las instalaciones de Puente Romano, en Marbella, cuando cedió un valioso punto en la Copa Davis ante el desconocido británico Liam Broady, entonces 114 del mundo. El estacazo anímico fue tremendo, porque aquel día nadie pensaba que el castellonense pudiera perder y comprometer la serie de la Copa Davis para España. Desde entonces, los fantasmas pulularon en el interior de una mente que ayer, definitivamente, se despejó.
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