Si el ciclismo es una religión en Colombia, y muy pocos discutirán esta afirmación, entonces Nairo es su dios y Rigo su profeta. Su sumo sacerdote no puede ser otro que el padre César Ladino, el capellán del ejército en Quindío, y su Vaticano, por supuesto, es la iglesia de Salento, con su torre cilíndrica que ataca el cielo en erección patriótica enfundada en una gigantesca bandera colombiana portada por el páter, doble amarillo, azul y rojo. En la plaza, compiten con su verticalidad la palmas de cera enhiestas y peladas. A su lado, al final de una cuesta corta al 20%, la etapa más paisajística de la Colombia Oro y Paz traza su línea de meta, la que cruza el primero Rigo Urán, por delante de Nairo Quintana, al que ha desbordado en los últimos metros, Egan Bernal y Sergio Henao.
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