Habíamos llegado a la conclusión de que el Madrid estaba muerto. No solo sus aspiraciones de ganar el título de Liga eran inexistentes, sino que, agárrense, podría tener problemas incluso para alcanzar el cuarto puesto. De la Copa fue despedido tras sufrir los rigores de un sorteo que le había emparejado con el Fuenlabrada, el Numancia y el Leganés, que se dice pronto. Y de la Champions, ay la Champions. Ningún futuro le esperaba en ese su torneo teniendo en cuenta que tenía que medirse con esa máquina de jugar al fútbol llamada PSG, capaz de marcar ocho goles al Dijon, seis al Toulouse, otros seis al Rennes… Rivales todos, como es bien sabido, de reconocida enjundia. Sí, el Madrid estaba eliminado antes incluso de jugar contra el temido rival francés. Eran el equipo de Zidane, y Zidane mismo, unos finados, mientras sus aficionados sufrían bien en silencio bien a grito pelado y una legión de opinadores se convertían en plañideras preventivas. Fue entonces cuando el difunto, que estaba de parranda, hizo honor a una frase, tan de frases como era, de aquel John Benjamin Toshack que en un par de ocasiones dirigió al equipo, y que a raíz de la supuesta dificultad de un partido declaró, firme y sereno: “Esto es el Madrid, esto es el Bernabéu y esta es la Copa de Europa”. Pues eso.
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