Quizá la falta de penaltis en contra le duela más al Barça que a sus rivales, aunque no me atrevo a asegurarlo a ciencia cierta. Todos tenemos derecho, en cualquier caso, a recibir una mala noticia de vez en cuando, para sentirnos mohínos; también el equipo de Valverde. Ahora mismo, el Barça parece un club ahogado por su buena suerte, a punto de pedir socorro por ello, como el atormentado guardia de seguridad al que interpreta Bruce Willis en El elegido, y que nunca se pone enfermo y sobrevive a toda clase de graves accidentes, incluido uno de tren del que solo sale vivo él, y sin rasguños. No me extrañaría que el Barça estuviese deseando que un día algún árbitro señalase un penalti en su área; no de mala fe, o por gusto. “Una persona honrada es la que hace putadas sin disfrutarlo”, decía un personaje de una novela de Dovlátov. Nadie puede vivir todo el tiempo sin meterse en problemas. Tampoco el Barcelona. ¿Qué porquería de existencia sería esa? Mi prima cuenta que su juventud fue perfecta salvo porque nunca consiguió romperse un brazo para llevar escayola.
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