Un zarpazo de Griezmann a los 40 segundos, mucho trabajo, solidez y una buena parada de de Oblak. Un clásico partido de 0-1 del Atlético. Suficiente para los futbolistas de Simeone, encaramados a la segunda plaza a la espera de que la suma de su regularidad y un traspié del Barça encienda un pelo más la disputa por el título. Demasiado para los jugadores del Málaga esa versión marmórea de los rojiblancos. Correr, corrieron y muchos los dos equipos. Jugar, jugaron poco. Así se que se engendró un encuentro con más zapa que fútbol. No se desordenó nunca el Málaga, que jugó demasiado atado, como si no hubiera recibido ese gol tempranero que escribió ya el guión del resto del partido. Un tanto bien rapiñado y mejor definido por Griezmann. Al francés se le encendió la luz de los goleadores al salir embalado a recoger un intento de disparo de Saúl desde fuera del área. Esas décimas le dieron para anticiparse a los centrales del Málaga y superar a Roberto con un toque picado y suave. La delicadeza de su definición y su dedicatoria al infantil del Alzira fallecido fue lo más emotivo que se vio en toda la tarde en La Rosaleda.
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