En el fútbol es recurrente la sentencia de que el fin justifica los medios. El Alavés justificó la máxima maquiavélica en La Cerámica. El conjunto de Abelardo se dedicó en exclusiva a defenderse durante 94 minutos de juego y sacó provecho a una jugada a balón parado y un contragolpe letal. Para desespero del Villarreal, que no se sintió cómodo en ningún momento ante el ejercicio de resistencia del conjunto vitoriano, al que Abelardo ha dotado de orden, colmillo y la solidaridad de un ejército entregado a una causa común para alcanzar los resultados que le alejan del descenso.
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