Aunque es España es habitual observar a determinado porcentaje de aficionados abandonar el campo en los minutos finales (la mayoría dice que pierde el metro o el autobús), en Inglaterra no solo no se lleva, si no, que sería una pésima idea instaurar semejante costumbre. Lo sería, por ejemplo, porque de habérsele ocurrido a alguien en Anfield, no hubiera disfrutado de uno de los finales de partido más disparatados del año, con dos penaltis y dos goles en los cuatro minutos de tiempo añadido. El fútbol tiene mucho que ver con meter goles, pero hay sentimientos que se adhieren a lugares especiales, y el estadio del Liverpool tiene mucho de santuario místico. Los 'reds' lo tuvieron todo, lo perdieron, y rescataron lo mínimo para seguir adelante. Una bendita locura para cualquier amante al fútbol que no sea ni seguidor de uno ni de otro equipo. El definitivo empate a dos dejó en tablas una partida de ajedrez que acabó con las fichas por los suelos y el tablero doblado a la mitad.
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