Después de renunciar forzosamente a los cuartos, porque una lesión en el muslo derecho le obligó a abandonar cuando vencía al croata Marin Cilic, a Rafael Nadal le costaba una inmensidad dar cada paso. Cualquier maniobra, por sencilla que fuese, requería de un esfuerzo extra y conllevaba dolor. Ascendió con muchas dificultades los tres peldaños que preceden al micrófono de la sala de prensa y luego descendió con sumo cuidado. Le observaban desde una distancia cercana su agente, Carlos Costa, y su responsable de prensa, Benito Pérez-Barbadillo. El tenista estaba emocionalmente muy tocado.
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