Apenas llevaba unos meses en la Escuela de Golf Celles, en Derio (Bizkaia). Sus padres, Ángela y Edorta, le habían llevado con 13 años. A Jon, el pequeño de dos hermanos, le gustaba el golf aunque soñara con ser futbolista del Athletic. Eduardo Celles acogió entonces a un chaval de Barrika alto y fuerte, que le pegaba duro a la bola, tenía muy buen juego corto y dominaba la distancia y la caída de los greens. “Aún no se veían grandes cosas”, recuerda hoy el entrenador del golfista vasco. Fue después de esos primeros contactos entre profesor y alumno cuando Jon Rahm vaticinó su futuro. “A los 14 años me dijo que iba a ser el número uno del mundo”, revive Celles. “Hablaba con una determinación especial que no he visto a nadie. Me dejó frío. Me quedé tan impresionado que por la noche se lo dije a mi mujer”.
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