Entre las 12.000 almas que acuden al estadio Antonio Candini (Córdoba, Argentina) está la de Marcelo Bielsa. El entrenador argentino aplaude eufóricamente, como cuando uno quiere que el aplauso sea escuchado por más de uno. No lo hace desde el banquillo con su clásico chándal sino desde la tribuna con una camiseta negra y una sonrisa con la que parece ser una aficionado más. Todos los que están ahí quieren presenciar el último partido oficial de Pablo Aimar. El volante argentino, de 38 años, que volvió el martes por la noche a jugar un partido oficial con Estudiantes de Río Cuarto, el club que lo vio nacer.
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