Se está empeñando el Real Madrid en aniquilar las esperanzas de quienes nunca dejamos de confiar en él, principalmente sus rivales y enemigos. Lo hemos visto resucitar tantas veces que ya no nos tranquiliza leer su nombre en las esquelas y, ante la perspectiva del enésimo funeral en el Bernabéu, nos hemos acostumbrado a reaccionar como Sarah Connor en Terminator: preparando una mochila con lo básico para afrontar, con ciertas garantías, una eventual evacuación de emergencia. Tanto luto y tanto lirio no pueden ser verdad, de ahí que no parezca descabellado contemplar la posibilidad de una treta, de una pantomima bien orquestada para que respiremos aliviados y poder sorprendernos, por la espalda, en el momento cumbre de la temporada.
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