“Diego, Diego, Diego”, coreaba con entusiasmo Cornellà. Diego López miró a su hinchada y agitó los brazos con rabia, puños cerrados y mandíbula apretada. No estaba enojado, fue su catarsis. El guardameta blanquiazul le acababa de parar un penalti a Leo Messi. Aunque no era la primera vez.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2rdQnEY
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire