A Zinedine Zidane, un tipo tranquilo y de carácter afable, prácticamente inmutable y siempre sonriente, se le vio este martes un poco irritado de más. No perdió la calma y las formas, algo impensable conociendo su figura, pero la sensación de molestia y cansancio se le intuía al francés como pocas veces. El ruido en torno al juego y estado de su equipo, la valoración negativa de agentes externos, como Marcelino, entrenador del Valencia, y la insistencia de la prensa en las mimas cuestiones una conferencia tras otra alteraron una pizca el ánimo siempre calmado del técnico.
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