El micrófono de la sala de prensa de Stamford Bridge no funcionaba cuando Diego Pablo Simeone se acomodó en su asiento. De fondo, aún se escuchaba a los cerca de 2.000 aficionados del Atlético pedirle que sacara al campo a sus futbolistas. Mientras, Simeone tocaba y lo golpeaba con la yema de los dedos, movía la cabeza de un lado a otro anunciando que el aparato no emitía sonido alguno.
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