A veces a los equipos de fútbol hay que estudiarlos siguiendo el escrupuloso método de Érase una vez el cuerpo humano, que Woody Allen recreó con eficacia adulta en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo y nunca se atrevió a preguntar. En esa película están dos escenas majestuosas, de las mejores de Woody Allen, a la altura de aquella de Manhattan en la que su novia le dice que quiere hacer en la cama cosas nunca vistas y él corre a buscar un traje de buzo (?). Una es la mirada de Gene Wilder cuando ve entrar a una oveja en su despacho de la que se enamora apasionadamente; hay que ser un actor de primera para interpretar un flechazo con una oveja, si bien hay que decir que se lo pusieron fácil: la oveja era guapísima. La segunda es aquella en la que puede observarse el cuerpo humano desde dentro: un hombre está a punto de eyacular, los espermatozoides se preparan para salir, blanquitos todos ellos, y de repente la cámara enfoca a un negro diciendo: “Pero qué hago yo aquí, qué hago yo aquí”. Todo ese movimiento lo dirige una gigantesca sala de mandos que es el cerebro (donde aparece, alborotado, un cardenal pidiendo explicaciones por la erección).
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