Mauro Icardi y Gonzalo Higuaín pelean por ser el nueve de Argentina en el próximo Mundial de Rusia este verano. Ambos demuestran una necesidad voraz de tener la pelota, trasladarla hasta el área y allí dirigirla hacia la portería rival. Y a ambos les hierve la sangre cuando no pueden hacerlo. Y se les nota. En el fondo, la frustración del delantero centro es la misma independientemente de para qué equipo juegue, pero en el caso de los arietes argentinos de la Juventus y el Inter de Milán, dos aspirantes al scudetto es algo más exagerada de lo normal.
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