Aranda de Duero vivió el miércoles horas en las que todo era un secreto y al mismo tiempo un estruendoso murmullo recorría sus calles. El silencio en los bares lo llenaba la televisión con imágenes de lo que estaba ocurriendo a pocos metros de distancia: incluso cuando nadie hablaba de ello se oían de manera incesante detalles y comentarios del suceso que ha golpeado la amable y acogedora ciudad de la ribera del Duero.
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