Yamaha no sabe ni en qué año está. Después de una mala temporada, en la que por primera vez en los últimos diez años no ha conseguido que ninguno de sus dos pilotos oficiales termine entre los dos primeros clasificados –Viñales acabó tercero con tres victorias; Rossi, quinto, un mísero triunfo- la fábrica japonesa accedió el domingo pasado a que tanto uno como otro corrieran la última carrera con una moto prácticamente igual a la del 2016. Después de que el piloto español, en su desesperación, terminara llorando, como confesó él mismo, al bajarse de su M1 en la clasificación del sábado (terminó 13º), la casa de Iwata apostó por el cambio. Puestos a hacer el ridículo con la moto de este curso, por qué no probar suerte con la de la temporada pasada, esa con la que Zarco, el debutante del año, piloto del equipo satélite Tech 3, ha hecho carreras de escándalo (y sumado tan solo 32 puntos menos que Rossi en la general, sexto clasificado).
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