El Celta tiene que paliar desajustes y carencias que le condenan a la irregularidad, pero maneja una idea de fútbol que cuando logra expresarse no solo resulta vistosa sino efectiva. El plan es seductor y pasa por iniciar las jugadas desde el fondo y romper líneas a través de la búsqueda de espacios sin necesidad de dividir la posesión de la pelota sino a través de su gestión. Donde otros se quitan de encima el balón, el equipo que prepara Juan Carlos Unzué lo mueve, que puede ser parecido, pero no es lo mismo. El Celta muestra un anzuelo y en esa trampa puede picar hasta el pez más gordo. Lo hizo el Athletic, que está canino pero lleva consigo un precinto que garantiza el orgullo. Así que allá que se fueron los vascos a por el rival, entraron en su cocina y se llevaron tres platos y casi el postre en un menú que apura a portero y zagueros que lo preparan, pero que cuando se aliña en condiciones genera espacios y tiempo para que lo disfruten centrocampistas y delanteros. Llegaron tres goles en diez minutos, entre el 15 y el 25, un repaso que hasta pareció sencillo de tan aseado como se produjo y que en definitiva, tras una serie de avatares, garantizaron la victoria al equipo gallego.
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