Unos decían que se había terminado la historia, que el resto iba a ser el epílogo declinante de dos héroes que nunca volverían porque ya habían hecho todo lo que debían hacer y su obra estaba acabada. Otros los defendían a capa y espada, argumentando que el declive en los dos cursos previos era natural y que el auge de Novak Djokovic y Andy Murray era lógico e irremediable. Cábalas y conjeturas, vueltas y más vueltas, horas y horas de análisis para, a fin de cuentas, retroceder al punto de partida del relato. Porque, en realidad, Rafael Nadal (Manacor, 31 años) y Roger Federer (Basilea, 36 años) han demostrado este año que nunca han tenido que volver, porque en realidad nunca se fueron.
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