Todo lo que hay que hacer algunos días es rehacerse, y para logarlo antes hay que estar deshecho, como el Valencia. La temporada pasada sobrevivió a un naufragio inclemente, después de incurrir en algo parecido a un suicidio fallido. Hacer las cosas perfectamente mal demanda una torpeza exagerada, que en el fondo equivale a cierta maestría. Eso es lo que le faltó al club, y por tal razón esquivó el descenso, con el que había coqueteado durante varias jornadas. Los grandes errores no están al alcance de cualquiera, supongo. “No sabes estropear nada”, me reprochó desengañado un amigo con el que una vez intenté boicotear un examen de física inundando el instituto, pero en el segundo decisivo, mientras él vigilaba, fui incapaz de aflojar una tubería.
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