Por el Camp Nou aún se ve a algún despistado con la camiseta de Neymar. En la sala de prensa, todavía le cuestionan a Valverde por el otrora 11 azulgrana. Y en el vestuario los hay que mantienen grupos de WhatsApp con él y hasta se citan de vez en cuando en la noche barcelonesa. El doloroso adiós —el Barça no quería traspasarlo pese a recibir 222 millones— del probablemente mejor extremo del mundo supuso un punto y aparte para el Barça y para el entrenador Ernesto Valverde, que cambió de dibujo para convertir lo que parecía una debilidad irreparable en una fortaleza. Entre otras cosas porque el tercer hombre de ataque —se da por descontado que Luis Suárez y Messi saldrán de la partida— ofrece tantas variables tácticas al Barça como enredos a los rivales.
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