Si hay que perder que sea como lo hizo Siria, que cayó con honor en Sydney para despertar de su sueño mundialista, el que quería llevar a un país que lleva más de seis años en guerra al mayor escaparate futbolístico, quizás social, del planeta. Siria perdió (2-1) en Australia, en la segunda parte de la prórroga, cuando jugaba con diez hombres. Y en la última acción del partido envió un remate al palo. Tantas veces heróica, capaz de rescatar resultados favorables en agónicos finales ante Uzbekistán, China, India o el viernes pasado en la ida de la eliminatoria contra los australianos, esta vez la moneda salió cruz para los sirios, pero que la hayan vuelto a tener en la mano habla sobre el carácter indómito de un grupo de futbolistas que se ha ganado la eternidad.
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