El Baskonia acaba de salir del garaje y el Valencia ya circula por la autopista, con algunos topetazos en forma de lesiones. Difícil alcanzarlo con un coche de menor potencia y poco rodado. Solo un larguísimo recorrido le permitiría verle la matricula. Aún no es el caso. El sueño del Baskonia apenas duró un par de minutos, los primeros del tercer cuarto, cuando el Valencia parecía haberse tomado un quintal de tila en el descanso y se le había enganchado el freno. Fue un suspiro que puso al Baskonia a cuatro puntos de alcanzarlo, impulsado por el coraje de Shengelia y el acelerador de Granger. Pero fue solo eso. Un suspiro, un acelerón con el embrague pisado, ruido y humo hasta que el Valencia se quitó las legañas del descanso y volvió a poner la cosas en su sitio o sea, tierra de por medio.
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