Cuidado, abran paso, porque viene con fuerza Rafael Nadal, al galope y sin reparar en qué ni en quién está delante, como en sus mejores tiempos y despachando adversarios con tanta autoridad que desde el pasado 19 de agosto no hay quien pueda derribarle. Aquel día veraniego, saturado porque los retrasos le forzaron a jugar dos partidos en un día, le batió Nick Kyrgios en Cincinnati, el mismo Kyrgios que ayer, en Pekín, parecía un muñeco de trapo en manos del balear. No tuvo miramientos Nadal y liquidó la final del torneo chino (ATP 500) con otro ko inapelable, cediendo solo tres juegos (6-2 y 6-1, en 1h 32m) para reconquistar la capital china 12 años después.
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