Un ladrón logró agenciarse la llave maestra que abría las habitaciones del hotel San Fernando Plaza de Medellín y, aunque captado por las cámaras, desvalijó unas cuantas de los jugadores del Sevilla, que en esos momentos disputaban un amistoso de pretemporada ante el Atlético Nacional. Era 2013 y la fortuna volvía a darle la espalda a Marko Marin (Gradisca, Bosnia; 28 años). “Fue el peor parado porque le robaron relojes, ordenador, un móvil que nos enteramos que costaba 10.000 euros… Estaba fastidiado, sí”, recuerda Juan Cala, entonces compañero de equipo que ahora defiende al Getafe. Y aunque no pasó de anécdota, Marin evidenció que estaba reñido con la suerte como lo ha estado casi siempre, a excepción de en sus inicios, cuando era un niño prodigio del balón porque con apenas 19 años ya contaba con 31 encuentros en Segunda División alemana y otros 18 en la Bundesliga, además de cuatro internacionalidades absolutas, todo resuelto con 15 asistencias y siete goles. Pero de lo sugería a lo que es hay un trecho, ahora pieza capital de un Olympiacos que visita al Barcelona en la Champions.
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