La Real tiene una doble vida, doble personalidad, doble o nada. Que está de dulce lo dicen sus goleadas, europeas o nacionales, su alegría creadora. Que tiene un punto amargo, lo dicen sus tropezones en Anoeta, donde solo ha ganado uno de los cinco encuentros disputados, por tres a domicilio, como si las obras en el fondo norte le filtrasen un airecillo acuchillador.
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