Alrededor del Barça había ciertas dudas que no disipaban ni siquiera su condición de líder de la Liga. Ni entusiasmaba ni asustaba, más bien se consideraba que su privilegiada posición era circunstancial, propiciada por los despistes del Madrid, la mano de santo de Valverde y sobre todo por el excelente momento de forma de Messi. La vida era de color de rosa para los azulgrana, afortunados en el campo y beneficiados por el calendario, ganadores de los siete partidos del torneo y los dos de Champions.
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