Ni siquiera ante un adversario en los huesos como el Eibar actual, el Madrid dio con el Madrid. En Chamartín, sin que los locales hicieran muchos méritos para ganar los hicieron con creces los visitantes para vencerse solos. Sin marcha alguna el Madrid, el cuadro vasco se mostró como el equipo líquido de este curso. De ese Eibar sólido de la pasada temporada a un equipo permeable, con una flojera que se le desconocía. Incluso frente a un Madrid de aliño, sin más. Un Madrid tan contemplativo que hasta le dejó la pelota en muchas fases, sin apenas vocación por su rescate. Ni así hubo migas de un montaje firme de los vascos por más que tuvieran carrete con la pelota. Todo lo contrario. Antes de la media hora Paulo Oliveira ya se había marcado en propia puerta y Dmitrovic, el portero, había hecho el sapo con un zurdazo de Asensio que se le coló bajo el codo izquierdo. Entre medias, más de una decisión estrafalaria de los azulgrana con la pelota en los pies y mucho horizonte a su alrededor, todo el que le consintió el Real Madrid.
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