“¡Gracias Lionel Messi! ¡Dios existe!”. Hasta Bono, cantante de la banda irlandesa U2, permaneció congelado frente al televisor el martes por la noche en Argentina. Antes, había demorado una hora el inicio de su concierto en Buenos Aires para que los aficionados pudieran ver la agónica clasificación albiceleste para el Mundial, un 1-3 en Quito que se vivió como una hazaña porque Ecuador marcó a los 40 segundos y obligó a Messi a un nuevo milagro.
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