La etapa contrarreloj de la última Vuelta, aquella de Logroño en la que Chris Froome casi aseguró definitivamente su victoria, fue un desastre desde el punto de vista del espectáculo. No lo dicen los cronistas ni los ciclistas. Ni siquiera ha hecho falta que los espectadores lo expresen. Lo dice más una curva descendente en un gráfico, la que señala minuto a minuto la audiencia televisiva.
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