El PSG fue una orquesta sinfónica en El Paraíso de Celtic Park. Previsiblemente deslumbrante durante un concierto que duró 40 minutos. Lo que tardó el equipo de Emery en meter el 3-0 antes de dejarse engolosinar por su belleza y entregarse un poco a la autocontemplación. El goce del arabesco, imposible de inhibir después de la andanada. Marcaron sucesivamente Neymar, Mbappé y Cavani en un aluvión de paredes, regates y desmarques que se derramó por todos los carriles. Cuando empezó la segunda parte, el Celtic no tenía otro plan que ganarse el respeto de su hinchada. El partido perdió dosis importantes de sentido competitivo pero no perdió dueño. Mientras hubo disputa la señal fue clara: si el PSG conserva su mediocampo con salud, será un rival abrumador para cualquier oponente y una caudalosa fuente de placer para los aficionados del mundo.
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