Sergio Ramos y Marcelo se miraron de forma instintiva al ver que el cuarto árbitro levantaba la tablilla con el número 11 iluminado. Conscientes de la convulsa relación que mantiene Gareth Bale con el público del Bernabéu, los dos capitanes se arrancaron a aplaudir en un intento de conseguir el fervor de la hinchada y evitar la reprimenda para el atacante galés. Era el minuto 81 de partido y el Madrid goleaba al APOEL. De poco sirvió. La afición, como ya hiciese semanas atrás, despidió a Bale con más pitos que vítores. El muchacho enfiló la banda contrariado, al trote, con el único ánimo de Ramos por el camino. Ni una de sus noches más certeras en el Bernabéu en los últimos meses le sirvió para templar el agitado momento que atraviesa en el arranque de su quinta temporada en el Madrid.
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