Un vozarrón retumba estos días en la central de Nueva York. El ritual es idéntico todo el rato: un bronco e interminable come on! y a continuación tres puñetazos en el pecho y un par de gruñidos. Intimida Kevin Anderson (Johannesburgo, 31 años), cuya efusividad cada vez que convierte un punto llama la atención, tanto por el tono como por la reiteración.
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