jeudi 21 septembre 2017

El Celta vuelve a penar por su fragilidad defensiva y cede un empate ante el Getafe

No acaba de arrancar el Celta porque tiene un agujero en la retaguardia, sea por un rendimiento colectivo o individual en un equipo que en cinco jornadas ha probado tres parejas distintas de centrales. No acaba de tocar la tecla Juan Carlos Unzué, tampoco sus jugadores. El Celta es todavía un equipo grato de ver, pero en la transición que realiza se ha dejado alguna seña de identidad que no hace tanto le acercaba a la excelencia, por ejemplo ese frenesí en las transiciones que cuando todo encajaba le convertía en imparable incluso para los mejores equipos del continente. Los problemas defensivos siempre estuvieron latentes o presentes. Ahora son palmarios y decisivos. Contra el Getafe, en ventaja en el marcador desde mediada la primera parte, en cuanto tocó remar hacia atrás se barruntó un hundimiento que pudo ser incluso total porque, tras empatar a falta de cinco minutos y la prolongación, el equipo madrileño se asomó a la victoria. Todo sucedió en un estadio de Balaídos que volvió a presentar con medio aforo la grada que se asoma a las cámaras de televisión, que sufrieron además los rigores de un estadio, en obras, mal iluminado. Más madera para la hoguera de los directores de partido de la Liga.

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